Cómo la obligación de digitalizarse puede ser el impulso que nuestra economía necesita

En los próximos días, entrará en vigor la Ley de Creación y Crecimiento de Empresas o Ley ‘Crea y Crece’, la apuesta del Gobierno para luchar contra la morosidad y, además, como su propio nombre indica, para facilitar la creación y el crecimiento de las empresas.

Dos cifras reflejan la  importancia de esta apuesta: el periodo medio de pago a proveedores asciende a 84,8 días, frente a los 81,6 días de 2021 y la tasa de endeudamiento supera ya el 100% del patrimonio neto de las pymes, según el último ‘Observatorio de Morosidad’ de la Confederación española de la pequeña y mediana empresa (Cepyme). Pero es que, además, este informe contiene otro dato que me parece especialmente significativo: la rentabilidad de las pymes ha caído una cuarta parte desde 2019.

El contexto de incertidumbre que atravesamos está generando una dinámica contradictoria en el tejido económico de nuestro país. Por un lado, el imperativo de la digitalización de los negocios es más acuciante que nunca en el actual clima post-pandémico, en una Europa decidida a acortar las distancias que le separan de Asia y Norteamérica en la carrera tecnológica. Y por otro, la herida económica iniciada con el Covid, y aumentada por el clima actual de elevada inflación e incertidumbre energética, impide a muchas pequeñas y medianas empresas destinar la inversión necesaria a digitalizar su operativa.

En junio pasado, tuve la oportunidad de presentar los resultados de un informe elaborado por Grupo Primavera, ahora parte de Cegid, que destacaba los bajos niveles de adopción de soluciones digitales de gestión empresarial en nuestro país y en el vecino Portugal. Frente a una tasa de penetración de estas herramientas basadas en la nube de un 40% en España y de un 29% en Portugal, un 47% de las empresas italianas y un 67% de las británicas han incorporado software de gestión cloud. En ese momento, hablé acerca de la oportunidad que estas cifras representaban para impulsar la movilización de los fondos de la iniciativa “Kit Digital” y ayudar a las pymes a ganar eficiencia y rentabilidad con herramientas tecnológicas.

La Ley Crea y Crece impone a las empresas y autónomos la adopción de la factura electrónica para mejorar la trazabilidad y el control de los pagos en tiempo real y, con ello, entre otras ventajas, realizar una mejor gestión de la morosidad. Pero la implementación de la factura electrónica requiere de cierto nivel de digitalización de nuestras pymes, lo que implica inversión, así como conocimiento y concienciación de las empresas y autónomos sobre los beneficios que estas soluciones tecnológicas pueden aportar a dichas empresas. Para lo primero, se facilitarán recursos del Programa Kit Digital dentro del Plan de Recuperación para la digitalización de las pymes. El objetivo es implantar la “e-factura”, iniciativa que puede convertirse en el primer paso para que muchas empresas y autónomos empiecen a familiarizarse con este tipo de soluciones tecnológicas.

Para lo segundo, están jugando un papel clave los llamados agentes digitalizadores, esto es, las empresas encargadas de acompañar en la implementación de dichas tecnologías, como es el caso de todas las empresas de Grupo Primavera, A Cegid Company. Como agentes digitalizadores, nuestra responsabilidad es ayudar a las empresas en la transición hacia la factura electrónica ofreciendo soluciones intuitivas y de ágil implementación. Aquí, sin duda, servirá de referencia la experiencia con la implantación de la factura electrónica en el País Vasco -TicketBAI-, en vigor desde este año, por lo que aquellas empresas que lo ofrezcan, como es el caso de Billage, Ekon, Diez y otras marcas de Grupo Primavera, a Cegid Company, tendrán una clara ventaja de cara a los clientes.

Gracias a esta iniciativa del Kit Digital, somos parte activa y además ofrecemos gratuitamente a las empresas la gestión y trámites de los fondos, damos un paso más en la que considero que es nuestra gran obligación como agentes del cambio: conseguir que estas compañías lleven esas mejoras de eficiencia a otras áreas como la gestión de clientes y de pedidos, o la administración interna o de sus empleados, tras su (satisfactoria) experiencia con la factura electrónica.

Además, confío que este esfuerzo de digitalización de los negocios traerá consigo un segundo efecto virtuoso: revertir la pérdida de rentabilidad empresarial que constata el informe de Cepyme, gracias a mejoras sustanciales de la eficiencia de sus procesos. Solo así, con esta doble victoria frente a los elementos, habremos convertido una obligación legal de digitalizarse en el impulso que nuestro tejido empresarial y nuestra sociedad necesitan.

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